

A storm we didn’t see coming
The last two days have brought challenges that none of us expected, but through it all, we continue to trust God and hold tightly to His promises.
Magnolia remains in the Pediatric Intensive Care Unit (PICU), where she is receiving around-the-clock care from an incredible team of doctors, nurses, and specialists.
To support her little body, Magnolia currently has multiple IV lines in place one in her left foot, one in each arm, along with her central line. Each one has an important purpose, allowing her team to administer life-saving medications, infusions, fluids, nutrition, draw frequent lab work, and provide everything she needs as they carefully monitor her condition.
She is being closely monitored for the health of her liver, kidneys, and heart. She is also receiving oxygen support to help ensure her body and vital organs receive the oxygen they need while she heals.
After numerous ultrasounds, X-rays, and extensive blood work, the medical team discovered that Magnolia has developed hepatic artery stenosis affecting the blood flow to her transplanted liver, reduced heart function, and a bacterial bloodstream infection. These are serious complications, but we are grateful they were identified quickly so treatment could begin immediately.
One of the hardest parts of these last two days has been watching our sweet girl cry from discomfort and hunger. Because of the nonstop vomiting and diarrhea, her medical team has placed her on strict bowel rest, meaning no food or liquids by mouth. As I write this, Magnolia has gone more than 26 hours without being able to eat or drink anything. As parents, hearing her cry knowing we can’t comfort her with a bottle has been absolutely heartbreaking. We know these restrictions are necessary to give her body the best chance to recover, but that doesn’t make it any easier to watch.
Despite everything she is facing, Magnolia continues to fight with incredible strength. Her team is treating each complication aggressively and watching her every moment as she remains in the PICU.
This journey has reminded us once again that healing is rarely a straight path. There are victories, setbacks, and unexpected turns, but through every single moment, God has never left Magnolia’s side. We continue to believe that He is writing a story far greater than we can see today.
Una tormenta que no vimos venir
Los últimos dos días nos han traído desafíos que ninguno de nosotros esperaba, pero aun así seguimos confiando en Dios y aferrándonos firmemente a Sus promesas.
Magnolia permanece en la Unidad de Cuidados Intensivos Pediátricos (UCIP), donde está recibiendo atención las 24 horas del día por parte de un increíble equipo de médicos, enfermeras y especialistas.
Para apoyar a su pequeño cuerpo, Magnolia tiene actualmente varias vías intravenosas: una en su pie izquierdo, una en cada brazo y, además, su línea venosa central. Cada una cumple una función importante, permitiendo que su equipo médico le administre medicamentos que le salvan la vida, infusiones, líquidos, nutrición, realice análisis de sangre frecuentes y le proporcione todo lo que necesita mientras supervisan cuidadosamente su estado.
Está siendo monitoreada de cerca para evaluar la salud de su hígado, sus riñones y su corazón. También está recibiendo oxígeno suplementario para ayudar a garantizar que su cuerpo y sus órganos vitales reciban el oxígeno que necesitan mientras se recupera.
Después de numerosos ultrasonidos, radiografías y extensos análisis de sangre, el equipo médico descubrió que Magnolia ha desarrollado una estenosis de la arteria hepática, lo que está afectando el flujo sanguíneo hacia su hígado trasplantado. Además, presenta una disminución en la función cardíaca y una infección bacteriana en el torrente sanguíneo. Estas son complicaciones graves, pero estamos agradecidos de que hayan sido identificadas rápidamente para que el tratamiento pudiera comenzar de inmediato.
Una de las partes más difíciles de estos últimos dos días ha sido ver a nuestra dulce niña llorar por el malestar y el hambre. Debido a los vómitos y la diarrea constantes, su equipo médico la ha puesto en reposo intestinal estricto, lo que significa que no puede recibir alimentos ni líquidos por vía oral. Mientras escribo esto, Magnolia lleva más de 26 horas sin poder comer ni beber absolutamente nada. Como padres, escucharla llorar sabiendo que no podemos consolarla con un biberón ha sido absolutamente desgarrador. Sabemos que estas restricciones son necesarias para darle a su cuerpo la mejor oportunidad de recuperarse, pero eso no hace que sea más fácil presenciarlo.
A pesar de todo lo que está enfrentando, Magnolia sigue luchando con una fortaleza increíble. Su equipo médico está tratando cada complicación de manera intensiva y la vigila en todo momento mientras permanece en la UCIP.
Este camino nos ha recordado una vez más que la sanación rara vez sigue un camino recto. Hay victorias, retrocesos y giros inesperados, pero en cada uno de esos momentos, Dios nunca ha abandonado a Magnolia. Seguimos creyendo que Él está escribiendo una historia mucho más grande de lo que hoy podemos ver.
Si lo deseas, también puedo hacer una versión con un tono más natural y emotivo para una publicación en redes sociales o una actualización para familiares y amigos.